Últimamente vengo leyendo muchos libros, termino uno y empiezo otro. Me encanta eso de perderse un rato en las librerías para encontrar uno entre muchos, sin tener idea ni siquiera las razones de la elección. Elegir simplemente porque llamó mi atención. Ese, y no otro. Quizás si hubiese ido otro día, hubiese sido otro libro.
Me encanta como el vínculo con el libro se vuelve totalmente personal e íntimo. No todos los que leen el mismo libro leen el mismo mensaje, o sienten más conexión con la misma parte de la historia. Los libros tienen que ver con la mirada, con el momento personal, con el contexto de cada uno. Con a qué estamos permeables y a qué no.
¿Cuántas veces nos pasa que agarramos un libro para leerlo y no podemos continuarlo; y de repente un día lo encontramos y no podemos parar de leerlo?Hay libros que nos hablan, y nos dicen más de lo que cualquier persona podría. Es quizás uno de los momentos de más conexión con nosotros mismos.
A veces resguardan, a veces acompañan, a veces distienden o entretienen. A veces hacen momentos de espera mas livianos o nos hacen pensar. Otras veces nos hacen viajar a mundos extraños, a épocas lejanas o a lugares de un mundo que ansiamos conocer.
Hace poco me pasó que leyendo un libro no quería terminarlo. Y de hecho lo dejé por unos días con su último capítulo pendiente. Era una manera de continuarlo.
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