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sábado, 15 de febrero de 2014

Veo Veo #6: Montañas


Si tengo presente un dibujo de cuando era una peque es de montañas redondeadas, a lo lejos. Siempre fui al mar de vacaciones, pero dibujaba montañas.


Me inspiran las montañas, me pierdo mirándolas. Son un mundo en alturas. Al verlas cerca podemos respirar el aire puro que nos comparten. Son grandes, majestuosas. Son calma y son furia a la vez. Son misteriosas y guardan tantos, tantos secretos. Las montañas me generan respeto, porque uno al verlas o explorarlas se rinde a su voluntad.


Hace un par de años tuve la suerte de estar en una montaña muy particular. La recorrí, la caminé, la viví por cuatro días. Me fue develando pequeños secretos a lo largo de su camino, pequeños pero maravillosos secretos que había guardado por años, siglos incluso.



Me hizo sentir frío, calor, miedo, cansancio, alegría, paz. Me mostró y me dejó maravillada con las cosas que antepasados han creado y que nosotros tan poco hemos replicado. Me hizo cuestionar la evolución del conocimiento. Había cosas tan buenas hechas, ¿por qué no se siguieron aplicando tantas de esas cosas?.


Me sorprendió, me hizo sentir ínfima. Me regaló el cielo más hermoso que haya visto hasta ahora, repleto de estrellas que la iluminaban a ella y todas las demás montañas que aparecían alrededor.


Me desafió, me mostró que puede ser tan poderosa como ella quiera y me fue regalando sus secretos en pequeñas dosis.


Cuando estuve lista, cuando ella lo supo, me mostró su secreto mayor, el mejor guardado y más cuidado de todos: una ciudadela construida hace muchísimos años, hermosa, perfecta y deslumbrante. La fue desnudando de a poquito, corriendo en cámara lenta las nubes que la cubrían para que pudiera saborearla lentamente.







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Este post es parte de un juego creativo que se llama "Veo Veo". Ese juego que jugábamos siendo chicos y que ahora es una excusa para conocer lugares y experiencias de todos los que participan. Se hace una vez por mes y los temas se eligen en el grupo Veo Veo de Facebook. Sumate!! Todos pueden participar.
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miércoles, 15 de enero de 2014

Veo Veo #5: Una canción

Cada vez que recuerdo esa situación, es como si estuviera viendo una película. Es como si me hubiese salido de mi misma y viera todo desde afuera. Fue una situación bizarra, perfecta pero bizarra en un buen sentido, sin duda.

Resulta que había comenzado un viaje con suerte dudosa (mínimo): la aerolínea canceló mi vuelo por condiciones climáticas (ojo, solo el mío, todos los demás aparentemente eran aviones superpoderosos (?) ) y yo tuve que salir 3 días después de lo planeado. Era mi primer viaje sola, al otro lado del mundo!! 

Tuve que cambiar el vuelo siguiente a ese. Y para que el costo no se elevara tanto cambiando otros vuelos, renuncié a un destino donde sólo iba para tomar el siguiente vuelo. Así que me perdí de un lugar que me había tomado mucho tiempo elegir y al que había muy pocas chances de que volviera alguna vez, pasé todo el día de mi cumpleaños arriba de un avión con gente que hablaba idiomas bastante extraños (cuando había encastrado todo para que justo ESO no pase) y me comí una amargura gigante porque hasta que supe cuando salía pasaron muchas discusiones, peleas, desinformación, lavado de manos, etc. etc. etc.

En el segundo destino me esperaba mi amiga. Y ella también había sufrido las consecuencias de mis cambios. Me tuvo que esperar sola cuando se suponía que íbamos a estar las dos juntas, después de mucho tiempo, conociendo lugares increíbles.

Llegué la noche de 3 días después de lo previsto, la noche de mi cumpleaños. Y la llegada al hostel tampoco fue fácil. Me encontré con una cultura muy diferente, donde me costó bastante comunicarme, y donde me dieron la bienvenida varios embusteros locales.

Ya estaba en el baile, así que traté de que me afectara lo menos posible, de ponerle la mejor actitud. Y cuando llegué a destino, la actitud la pusieron por mí. Terminó siendo uno de mis mejores recuerdos. 

Primero, el reencuentro ya sumaba por sí mismo. Extrañaba un montón a mi amiga y habíamos planeado mucho esa visita al final de su viaje, así que a pesar de todos los problemas iniciales, estar ahí finalmente ya había curado todo. Pero ella se encargó de sumar aún más: me había comprado una torta de mi dibujo favorito (oh sí, mi niña está muy (algunos utilizarían "demasiado") viva dentro de mí), y un regalo, muy significativo, también de ese personaje que había comprado en uno de los lugares que había visitado. Y todavía más: me invitó a cenar una comida típica del lugar. Así que aunque solo lo visité una noche, sentí que lo conocí al menos un poquito más.

Terminando de cenar, fuimos a caminar un poco para después volver al hostel. En un momento pregunté que había "ahí enfrente" y resultó ser la playa. Cruzando para verla, fue cuando pasó: me dí cuenta de dónde estaba, con quién estaba y lo bien que la estaba pasando a pesar de todos los problemas con los que había empezado. Me dí cuenta de que cumplía años por primera vez en mi vida con calor en una playa muy lejos de casa, que estaba con mi amiga a quien no veía hacía mucho, que me había animado a llegar hasta ahí sola y que lo había logrado, que estaba en un lugar en el que nunca antes había imagina que podía conocer...

Y mientras me daba cuenta, cuál baldazo de agua fría, de todo eso, a media cuadra una banda en un lugar para comer, empezó a tocar LA canción.

Era ESA que el mismo día que saqué pasaje apareció en una serie en la tele, que me tocó el alma, que cuando escuchaba viajando en el colectivo me imaginaba allá, lejos, conociendo el mundo entero, invencible; que escuché mientras no podía parar de llorar porque se había cancelado mi vuelo, que escuché en el avión muchas veces una vez que salí. Esa canción marcaba ese viaje, marcaba esa etapa, esa nueva yo que estaba naciendo. No podía ser casualidad, no, las casualidades no existen.

ESA canción, en ESE momento en el que me daba cuenta cuan feliz era de estar ahí, de vivir ese instante, esa experiencia. Era ESA canción diciéndome que estaba en el lugar correcto y en el momento correcto, que todo lo que había costado había sido por algo. Que valía la pena la desilusión y el miedo que me había causado el mal comienzo, que ya todo había pasado. Que disfrute.

Y es que eso hacen las canciones, ¿no? Nos marcan las etapas, los estados de ánimo, nos ayudan a llorar, nos hacen sentir los más poderosos, nos hacen desear tener la voz para cantarlas perfectamente, nos transmiten esperanza, nos hacen reflexionar, nos enamoran, nos ponen la piel de gallina, nos transportan siempre a momentos de la vida. Nos marcan y nos hablan como los libros, me es imposible no encontrarles el parecido. Nos hacen sentir alegría cuando a alguien le gusta la misma canción, nos hacen sentir que ya hay algo que nos conecta.

¿No les pasa acaso que cuando están con determinado ánimo van directo a una canción? ¿Que cuando piensan mucho en alguien o algo van a otra? 





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domingo, 15 de diciembre de 2013

Veo Veo #4: Un libro


Últimamente vengo leyendo muchos libros, termino uno y empiezo otro. Me encanta eso de perderse un rato en las librerías para encontrar uno entre muchos, sin tener idea ni siquiera las razones de la elección. Elegir simplemente porque llamó mi atención. Ese, y no otro. Quizás si hubiese ido otro día, hubiese sido otro libro. 

Me encanta como el vínculo con el libro se vuelve totalmente personal e íntimo. No todos los que leen el mismo libro leen el mismo mensaje, o sienten más conexión con la misma parte de la historia. Los libros tienen que ver con la mirada, con el momento personal, con el contexto de cada uno. Con a qué estamos permeables y a qué no.

¿Cuántas veces nos pasa que agarramos un libro para leerlo y no podemos continuarlo; y de repente un día lo encontramos y no podemos parar de leerlo?

Hay libros que nos hablan, y nos dicen más de lo que cualquier persona podría. Es quizás uno de los momentos de más conexión con nosotros mismos.

A veces resguardan, a veces acompañan, a veces distienden o entretienen. A veces hacen momentos de espera mas livianos o nos hacen pensar. Otras veces nos hacen viajar a mundos extraños, a épocas lejanas o a lugares de un mundo que ansiamos conocer.

Hace poco me pasó que leyendo un libro no quería terminarlo. Y de hecho lo dejé por unos días con su último capítulo pendiente. Era una manera de continuarlo.




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viernes, 15 de noviembre de 2013

Veo Veo #3: Las ansias de un encuentro.




Veo-veo un encuentro con mi próximo destino. Veo-veo Sydney, una ciudad que se hizo parte de mí. Veo-veo sus recorridos, sus lugares. Y mi ansiedad, mis ganas.

Veo-veo una “yo” distinta, y Sydney diciéndome “Te estaba esperando, yo sabía que ibas a volver así”.

Siento que me está esperando, que va a recibirme como sólo ella sabe hacerlo. Que siempre supo que iba a volver. Que nos vamos a mirar con una mirada cómplice. Y que la de ella va a esconder orgullo, uno casi maternal. Es que ella sabe que es responsable de esto, ella sabe que mi semilla viajera empezó a ser regada allá. ¡Y floreció! Sabe que me cambió, que me marcó, que lo que tenemos es especial.

Desde que me enteré que al final vamos a comenzar con algunos poquitos días en Sydney soy un poco más feliz. Sí más, de lo que ya soy empezando este viaje.

Y mientras espero desespero. Es que siempre la imagen fue una sola: decidís que te vas... ¡y te vas!  Algo así como que tenés la mochila preparada, todo en orden, caes en la oficina, mirás a tu jefe y le decís “me voy, me espera el mundo, la vida”. Y salís, derecho al aeropuerto. Tu familia y tus amigos te despiden y te vas. Pero no, yo decidí que me voy y hay 6 meses hasta el día que me subo al avión. ¿Es que eso les pasó a todos? ¿Es que la idea que generé en la cabeza de tantas personas que leí será demasiada idílica? No me extrañaría, después de todo, la ansiedad se apodera de gran parte de mi mente, siempre. Y la verdad, poniéndolo en palabras, suena un tanto extraña, demasiado fantasiosa.

Y pienso en ese encuentro, y en otros. En algunos que me dan miedo, en otros que me dan incertidumbre. ¿Con qué me encontraré? ¿Podré hablar con alguien cuando llegue o voy a ser un par de años muda para todo aquel que no hable español? ¿Encontraré trabajo? ¿Encontraré nuevos amigos?

Y a su vez no quiero pensar nada. Quiero llegar y encontrar-ME. En un entorno extraño, en un desafío, en un camino nuevo. Y encontrar de mí aquello que, aún, no sé que existe, que todavía no descubrí.


Tengo ansias, muchas. De empezar mi viaje con ese encuentro y de empezar a vivir todos los encuentros que me esperan con él. Porque un viaje está hecho de eso, de encuentros. Con destinos nuevos o conocidos, con amigos nuevos y viejos, con culturas distintas o parecidas, con uno y con la vida.


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martes, 15 de octubre de 2013

Veo Veo #2 : Una taza de té a la vuelta del mapamundi.


Aquel jardín era un regalo de un país a otro. Simbolizaba la amistad, el respeto, la paz. Una unión de culturas en un espacio pequeño: las piedras recreaban los animales de uno, las plantas representaban al otro. Era un pedacito de ciudad distinto del resto, donde dos culturas distintas se fusionaban, compartían, convivían y se enriquecían mutuamente.




Y en un pedacito dentro de ese pedacito de ciudad, había una mesa con dos tazas de té y escones con mermelada y queso crema. Era una taza de té de un sabor diferente, de un sabor raro que no habían probado antes, pero que gustaba. Dos amigas (que quizás ni se sabían tan amigas) lo compartían, y charlaban. Y, como ese jardín, se fusionaban, compartían, convivían y se enriquecían mutuamente. 

Es que venían de compartir una parte de un viaje, de uno que era mucho más largo que esos días en que habían estado visitando lugares nuevos. Estaban compartiendo una taza de té, en un jardín de amistad. 

Y estaban empezando, sin saberlo, un viaje distinto. Uno que no sabría de distancias, que demostraría que los kilómetros sólo existen en un mapa. Un camino de compañías, de apoyo, de cariño, de bancarse, de extrañarse. Algo que se consolidaba y que, como canta la canción, “el tiempo no borrará”.

Una travesía que tendría dos rutas todo el tiempo, y que difícilmente coincidieran físicamente, pero que, de alguna forma rara, serían amigas fieles que siempre se acompañan. Y las dos subirían las mismas montañas, y atravesarían los mismos valles; de modos diferentes y acompañándose. Pero siempre sabiendo que, como de nuevo dice su canción, “estando juntos todo marcha bien, pues yo soy tu amigo fiel”.



¡Ay! ¡Qué ganas locas de que esas rutas coincidan pronto para compartir una nueva taza de té!


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domingo, 15 de septiembre de 2013

*Veo Veo #1: Mapas


Mapas. Y lo repito. Mapas.
¿En qué pienso cuando digo "Mapas"? ¿Cuál es la primer asociación que hace mi cabeza?

Pienso en mi baño. Porque mi cortina de la ducha tiene un mapa mundial de colores. 



Pienso en viajes. En ese primer encuentro con un destino nuevo. Esa primer búsqueda en un mapa digital o en un mapa de papel.

Recuerdo viajes. Aquellos de muy chica cuando el gps aún no estaba, recuerdo a mi papá mirando mapas. 
O recuerdo un mapa muy particular, el del Camino del Inca, que amamos cuando comenzamos y conjeturábamos "cuando estemos por acá...", que luego odiamos durante el camino cuando la cruz de "usted está aquí" esta bastante más atrás de lo que sugería tu cuerpo y que olvidamos al llegar al increíble pueblo de Machu Picchu. 

Hace no mucho me fui de viaje a Sierra de la Ventana. Un viaje cortito, de 4 días. Pero cuando le consulté a mi papá (mi referente rutero de Argentina), me trajo un mapa de papel y me mostró. Me dijo "llevalo". 
Para mi era toda una aventura. Llevábamos en el auto un GPS pero pedí e insistí con que no lo usáramos. Vivamos la incertidumbre de no saber cuanto falta para doblar, de ir atentos y mirando, de confiar en los carteles, de pasarnos y reirnos. 


Los mapas son mucho más que solo geografía. Son expectativas, son ilusiones, son dudas. 
Cuando llegas a una nueva ciudad, siempre un mapa sobre ella llega a tus manos. Tienen algunos lugares marcados, otros pasados por alto. Son referencia, pero son también desafío. Nos invitan a seguirlos, y nos tientan a desobedecerlos. Pero todos siempre, llevan a algún tesoro, ese que es muy de uno.


Usemos esos que vienen en blanco para que podamos trazar nuestro propio camino. =)








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(Y seguiré la lista con quienes jueguen!)